Manifiesto de València en Comú en el Día de las Mujeres

 

Hace más de un siglo que las mujeres salimos a la calle, por todo el mundo, siguiendo la lucha que iniciaran nuestras antepasadas, exigiendo derechos laborales y sociales. Ellas nos enseñaron que los derechos se ha de conquistar, porque ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie, ¡por la libertad de mujeres y niñas del mundo entero! Su rebeldía, su valentía y su lucha son aún hoy nuestra máxima inspiración.

 

El actual sistema capitalista y heteropatriarcal perpetúa las violencias, tradiciones y mitos machistas que reproducen el sistema. Nos subordinan, nos encadenan, nos quieren sumisas y en silencio; acentuando las desigualdades de género e impidiéndonos crecer y construir una sociedad justa, diversa, digna, inclusiva e igualitaria.

109 feminicidios han sido cometidos por hombres en el estado español el pasado 2015; el 2016 la cifra ya asciende a 18.

La principal causa de muerte prematura de las mujeres es el terrorismo machista, la punta del gran iceberg que encierra el resto de violencias que vivimos y sufrimos las mujeres a diario. Es por ello, por todas estas violencias, por lo que el feminismo se convierte en la herramienta fundamental de una posible transformación social.

Desde Valencia en Común exigimos un pacto de Estado que aborde con urgencia una salida a esta realidad; y nos sumamos a los gritos de «si tocan a una, nos tocan a todas».

Porque nos queremos vivas y con una vida digna, reivindicamos una lucha feminista basada en la sororidad. Porque solas no podemos, pero juntas, en común, sí.

Reivindicamos una sociedad igualitaria e inclusiva, que integre también a las putas, malfolladas, viejas, gordas, amargadas, traidoras y bolleras.

Es por ello que exigimos:

a) Que los derechos de las mujeres sean considerados como lo que son: derechos fundamentales que deben respetarse como tales.

b) Que toda la sociedad y sus organizaciones e instituciones se comprometan en esa lucha, donde las mujeres seamos parte activa en la toma de decisiones de los procesos de transformación política y social.

c) Políticas públicas que acaben con la división sexual del trabajo, como garantía de nuestra independencia económica y personal. Reivindicamos una economía de la Igualdad que elimine las barreras en el acceso al empleo, la permanencia y la promoción; que acabe con las diferencias salariales y la demora histórica que hace que las mujeres, aún hoy, se responsabilicen, casi en exclusiva, de los cuidados.

d) Un pacto de Estado con políticas y recursos públicos que aborden, de modo efectivo, la prevención y erradicación de las violencias machistas.

e) Un sistema coeducativo, a todos los niveles, que garantice la formación en igualdad entre géneros, que incorpore los conocimientos y la historia de las mujeres al currículo, que proporcione una formación afectiva y sexual desde la perspectiva de género y la diversidad sexual, que enseñe a resolver los conflictos de forma pacífica y no sexista, de manera que ésta sea la mejor prevención contra la violencia de género.

f) Que los medios de comunicación, que nos manipulan, no reproduzcan los roles de género impuestos y se comprometan a hacer un tratamiento adecuado de las diferentes violencias machistas, haciéndolas visibles, evitando el sensacionalismo morboso en su tratamiento y utilizando un lenguaje y unas imágenes no sexistas.

g) Que los valores de igualdad, tolerancia, inclusión y diversidad impregnen nuestra sociedad como única vía para erradicar la lesbofobia, transfobia, homofòbia, bifobia y xenofobia.

h) Que se reconozca que nuestro cuerpo es nuestro y no se arrodilla delante de ninguna jerarquía, ni eclesiástica, ni misógina, ni patriarcal.

¿Qué tiempos son estos en que tenemos que defender lo que es evidente? Cuando se trata de los derechos que hemos conseguido, ni un paso atrás.

Un año más, el 8 de marzo de 2016, las mujeres salimos a las calles para disfrutar y reivindicar, para escucharnos e indignarnos, para cantar y exigir el fin del patriarcado. Para implantar el feminismo como una forma de vida, percibirnos como iguales, que pueden aliarse, compartir y, sobre todo, transformar esta realidad.

Esta es la fuerza del feminismo; convertir la pluralidad en unión, asumir la fuerza de la diversidad y movilizarnos por cambiar el mundo.

¡¡NI CALLADAS, NI SUMISAS; ACTIVISTAS FEMINISTAS!!

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Valencia, 8 de marzo de 2016.

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